Estabilizar el dólar y cuidar las reservas: la clave del nuevo intento de tregua política

Estabilizar el dólar y cuidar las reservas: la clave del nuevo intento de tregua política

Ahora, un nuevo capítulo de la difícil tregua política. Esta vez, requirió medidas en dos tandas –extensión de vencimientos de deudas y control de cambios- y una nueva secuencia de conversaciones entre las partes, entre operadores políticos y económicos. Los renovados contactos entre Mauricio Macri y Alberto Fernández fueron el resultado de esas charlas previas habilitadas y, algunas, más informales. Y la garantía, con las precariedades del caso, sería una sola: estabilidad del dólar y cuidado de las reservas, según la combinación de objetivos visibles. Eso al menos se respira en el Gobierno y en el círculo del candidato más votado, que sigue el día a día desde Madrid.

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En una y otra vereda, cuidando no hacer ruido, subsisten los recelos, que en mirada restrospectiva remiten a las facturas por los fracasos anteriores en acuerdos mínimos. De un lado, cuestionan a Macri y figuras cercanas por tratar de descargar las responsabilidades de la crisis sobre Alberto Fernández, pero señalan fundamentalmente unas primeras declaraciones de Hernán Lacunza sugiriendo el uso a granel de reservas para frenar el dólar. Del otro lado, cuestionan el «juego doble» del ex jefe de gabinete entre la moderación y definiciones más que inquietante como las hechas luego de la cita con el FMI y las expresadas a The Wall Street Journal.

Difícil desarmar esas desconfianzas a esta altura, según admiten los dialoguistas, que de todos modos trabajan con sentido práctico. Y ese pragmatismo parece haber sido útil para encontrar un punto de equilibrio, a prueba y demandante de cuidados.

En el Gobierno, expresión de lo mucho debatido después de las PASO y con criterio político, maduró una estrategia con un punto vital y un mensaje central. El punto práctico: poner todos los recursos –no sólo técnicos- para tratar de garantizar la estabilidad del dólar, alrededor de los 60 pesos y si se puede algo por debajo. Y la señal discursiva: mostrar y apelar a la responsabilidad, sin entrar en cruces. El objetivo, claro, es llegar sin más desgarros a octubre.

En el circuito de Alberto Fernández también hay objetivos y gestos. El objetivo reclamado como presupuesto básico es que el Gobierno cuide las reservas. Esperan, en rigor, que la batería de medidas puestas en marcha aquieten las aguas, con costos a cargo de la gestión macrista. Es decir, se trataría de tener más allanado el camino si como indica todo, los conduce a la Casa Rosada. El virtual silencio acompañaría el nuevo esquema cambiario y los pasos para alejar vencimientos de la deuda, siempre según cómo vayan reaccionado los mercados, en especial el drenaje de dólares.

Anoche, en medios oficiales señalaban que había disminuido el retiro de dólares por parte de los ahorristas y admitían que la prueba es día a día: deberían lograr que, pasado el arranque tenso de esta etapa de control de cambios, se vaya serenando el clima. Ese asoma como el primer paso para «llegar» a octubre. Y en buena medida, es además el mensaje a Alberto Fernández. «Tenemos la responsabilidad de gobernar y también de garantizar gobernabilidad», era la síntesis. En la otra punta, creen que el Gobierno estaría asimilando la derrota de agosto y aseguran que la orden interna es aventar cualquier frase o señal que pueda interpretarse como una movida para precipitar un adelantamiento de los comicios.

En ese tablero, difícil e inestable, se mueve la ficha sobre el modo de armar el marco para rediscutir la deuda con bonistas bajo legislación local. Ya de entrada parecía claro que el camino de un proyecto de ley era difícil: apenas conocidas las medidas sobre el «reperfilamiento» de las deudas, en el Congreso circulaban opiniones según las cuales no hacía falta una ley para ese rubro, sino que alcanzaría con una decisión del Gobierno. Esa interpretación surgía desde despachos del PJ pero también era escuchada cerca de legisladores oficialistas.

Aquella primera impresión fue transmitida por los negociadores que hablan con el bloque del PJ, a cargo del cordobés Carlos Caserio, y otros referentes peronistas. En ese terreno trabajan Federico Pinedo, Miguel Angel Pichetto y Luis Naidenoff. También, en la otra cámara, el siempre regresado Emilio Monzó y el cordobés Mario Negri. Anoche, en el Gobierno analizaban las respuestas que comenzaban a llegar también desde otros canales de diálogo con el círculo de Alberto Fernández: mejor un Decreto de Necesidad y Urgencia que una ley, sería el resumen.

La idea del DNU no seduce al Gobierno. El ministro Rogelio Frigerio lo escuchó entre el lunes y el martes de sus interlocutores, incluido Sergio Massa. Las primeras respuestas ya habían motorizado la decisión de suspender los mecanismos concretos: no fue enviado un primer proyecto al Congreso y quedó por ahora en la nada la visita de Lacunza a una bicameral.

La respuesta no dejaría mucho margen de negociación, entre otras razones porque no se trata de una cuestión técnica o sólo de una discusión sobre herramientas legales. También apunta a colocar el peso en esta gestión y dejar abierta la resolución final para después de octubre. La evaluación, por consiguiente, será básicamente política y será parte de la próxima cita de la mesa que integran buena parte de los negociadores referidos y donde pesan también las opiniones de María Eugenia Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

Alberto Fernández, se ha dicho, sigue cada tema desde Madrid. Allí tiene algo de tiempo más distendido. La visita había sido organizada para una charla académica y después de las primarias agregó elementos de mayor volumen. Mañana se verá con Pedro Sánchez y antes de la cita con el presidente del gobierno español ya tuvo contactos con otras figuras y funcionarios del PSOE, incluida el área de relaciones exteriores. También mantuvo un encuentro con la poderosa banquera Ana Botín.

En los dos casos, se trata de reuniones que refuerzan la percepción de su lugar central como resultado del impactante triunfo en las PASO. También, de los caminos y desafíos si en octubre corona su objetivo presidencial. España fue un motor central para el acuerdo inicial entre el Mercosur y la UE. Y busca una salida negociada para Venezuela, pero condena sin vueltas el régimen de Nicolás Maduro. Eso, en materia de conversaciones o agenda diplomáticas. La «integración al mundo», vista desde otra perspectiva, habría sobrevolado el encuentro con Botín.

Temas espinosos. Son parte de las percepciones que acompañarán a Alberto Fernández en su regreso a Buenos Aires, luego de una escala en Portugal. Acá, volverá al clima de vértigo.

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