Las reservas están en caída libre

La sequía de dólares va esmerilando sin pausas las reservas monetarias del Banco Central. Mientras la ilusión de que vuelvan a posicionarse en torno a los US$40.000 millones se desvanece, los analistas anticipan que el año cerrará con un saldo cercano a los US$33.000 millones. Y hay quienes pronostican que el mandato de Cristina terminará con menos de US$15.000 millones de reservas.

Entre diciembre de 2012 y junio de este año, las reservas brutas de la entidad conducida por Mercedes Marcó del Pont pasaron de US$43.300 millones a US$37.800 millones, una pérdida del 12%. En ese período, el Gobierno mantuvo el torniquete sobre el dólar, pero busco darle cierta flexibilidad a la política cambiaria, acelerando la devaluación, achicando la brecha con el paralelo y recortando la expansión monetaria (ver página 7). La efectividad del cepo cambiario para frenar la fuga de capitales no alcanzó para revertir la tendencia a la baja en las reservas. El problema que enfrenta el ministro Hernán Lorenzino es que los dólares no ingresan. “Con el cepo, la Argentina pasó a cancelar más créditos de los que recibe. Los agentes económicos reciben menos crédito desde el exterior porque existe incertidumbre sobre el libre acceso a los dólares necesarios para cancelar sus obligaciones en el futuro”, señala Economía y Regiones (E&R).

El cepo funcionó como un parche antes que como una solución a la escasez de dólares. “La enfermedad sigue latente, las inconsistencias de la política económica son cada vez mayores y se manifiestan a través de la reducción de préstamos internacionales, del deterioro del saldo comercial, de los menores ingresos y mayores egresos por turismo, etc.”, sostiene E&R.

Desde el establecimiento del cepo, en noviembre del 2011, el Central perdió US$8.000 millones, un 17% del stock total de reservas. Mientras aquí los dólares escasean, sobreabundan en los países vecinos, que en ese lapso incrementaron sus propias tenencias: Brasil (19%), Chile (27%), Perú (47%) y Uruguay (74%). “Este comportamiento excepcional de la Argentina se torna más negativo si se tiene en cuenta que el nuestro es el único banco central de la región que toma medidas para evitar que los dólares se vayan. Por el contrario, todos los restantes bancos centrales toman medidas para contener el ingreso de dólares”, sostiene E&R.

Datos de la consultora ACM muestran que este año las reservas cerrarían en US$33.000 millones. Esto implica que pierden solidez ante la base monetaria: apenas respaldan el 29,5% del M2 –el dinero en circulación y los depósitos a la vista–. En 2009 representaban el 79% (ver infografía).

“La variación de reservas es macroeconómicamente mucho más relevante que la fuga de divisas”, dice el analista Mario Sotuyo. “Las reservas les dan sustento a los pesos que circulan: si el Central no tiene dólares, los pesos no valen nada. Dan señales para saber si la economía está sólida. Si caen, se genera incertidumbre, la economía pierde credibilidad y la gente deja de demandar pesos”, apunta.

“Las reservas dan cuenta del poder de fuego que tiene el Central para intervenir en el mercado y controlar el tipo de cambio”, sostiene el economista Camilo Tiscornia. “En un mercado desdoblado como este, la caída de las reservas mete presión para que suba el blue ”.

La consultora Econométrica proyecta para el período 2011/14 un superávit comercial acumulado de US$38.000 millones y una caída en las reservas de US$22.300 millones. “Algo anda mal en la economía para que con ese superávit externo tengamos tamaña pérdida de reservas internacionales”, indican. Y abrevan en la idea de que la disminución de las reservas quita grados de libertad. “La historia muestra que los gobiernos deciden dejar de lado el gradualismo de la sintonía fina una vez que han consumido o agotado las reservas internacionales”, apuntan.

Econométrica calcula que, a fines de 2014, las reservas llegarían a US$25.300 millones. Pero aclaran que en este monto se incluyen rubros de poca liquidez como el oro, el préstamo del Banco Internacional de Pagos y Banco de Francia con garantía de las reservas, los derechos especiales de giro del FMI y los encajes por los depósitos bancarios en dólares. En el 2012, estos rubros sumaron US$11.800 millones. Por lo tanto, las reservas internacionales netas liquidas con las que contaba el Central a fines del 2012 en realidad eran de US$31.500 millones. “Para fin del 2014, las estimamos en US$17.300 millones. Con estas reservas líquidas deberá financiar en 2015 no sólo el desequilibrio de las cuentas externas, sino también el vencimiento del Boden 2015 por US$6.200 millones”.

Para el analista Luis Secco, “bajo supuestos muy conservadores, las reservas serían de US$30.000 millones a fines de 2013, US$23.000 millones a fines de 2014 y US$13.000 millones a fines de 2015”. Esta performance muestra que “el Gobierno no tiene márgenes para ablandar los controles en el mercado de cambios. Creemos que el Gobierno no ha devaluado, ni lo hará en un futuro cercano, porque se sabe incapaz de hacerlo creíblemente”.

Frente a esta situación, los analistas coinciden en que se hará poco por corregir el rumbo. “El Gobierno intentará defender el tipo de cambio profundizando los controles cambiarios y muy probablemente aumentando el impuesto actual del 20% para los gastos en dólares con tarjetas de crédito”, indica Mario Brodershon.

Desde ACM apuntan que “la actual dinámica de las cuentas externas va profundizando su insostenibilidad, lo cual requerirá correcciones en la política macroeconómica o, de lo contrario, un ajuste de magnitud de un modo no muy ordenado”.

Pero no todo es oscuro. La pérdida de reservas no se traduce necesariamente en un escenario catastrófico. Maximiliano Castillo Carrillo sostiene que “el esquema vigente actualmente exhibe algunos elementos favorables con respecto a fines de 2001, como es el bajo nivel de deuda externa que justifica menores requerimientos financieros en dólares”. A esto se agrega “un sistema financiero desdolarizado, líquido y bien capitalizado; además de la plasticidad que otorga un tipo de cambio flexible, elementos que en parte permiten morigerar los desafíos que impone la dinámica económica actual”.