El nuevo plan de la AFIP

AFIP logra renovar su visibilidad en la cartelera porteña y, de alguna forma, revierte la imagen negativa que obtuvo hace exactamente una semana cuando aplicó un nuevo control para adquirir paquetes turísticos y pasajes con destino al exterior del país, editado también como la “ampliación” o “profundización” del “cepo cambiario”.

En esta ocasión irrumpe el lanzamiento de una nueva moratoria para aquellos contribuyentes que tengan deudas impositivas vencidas hasta el 28 de febrero de este año. Agregan que los interesados podrán presentarse hasta el 31 de julio y elegir distintos programas que contemplan hasta el pago de 120 cuotas mensuales, iguales y consecutivas superiores a $ 150 con una tasa del 1,35% mensual. Los matutinos especifican que, según el ente recaudador, el plan “beneficiaría” a 1.713.355 de contribuyentes, de los cuales “1.709.065” adeudan “hasta $ 1 millón”. Sólo La Nación y Ámbito dejan en claro que el anuncio de la AFIP fue “sorpresivo”.

Pese a todo, aclaran que quedan excluidos aquellos evasores denunciados penalmente –como el caso de HSBC– y las grandes cerealeras –Echegaray apartó a Cargill, Bunge, LDC-Dreyfus, Molinos, Nidera, Aceitera General Deheza, Vicentín y Oleaginosa Moreno–. En el diario de los Saguier, Néstor Scibona habla de “aprietes con nombre y apellido”.

Ámbito subraya que la medida “alivia la carga de deudas a las empresas para que mantengan sus puestos de trabajo en un contexto de freno económico que se palpó desde que comenzó el año”. Además de apuntar que la noticia fue “bien recibida” en el sector empresarial, apunta que la deuda corriente –“que hasta ahora se podía pagar en cuotas”– ahora debe liquidarse “al día”.

El subdirector periodístico de El Cronista, Hernán de Goñi, interpreta que la moratoria “no nace de la generosidad del Poder Ejecutivo, sino de sus necesidades”.

En lo más alto de su edición, Martín Kanenguiser explica en La Nación que la medida surge en un contexto económico “mucho menos alentador que el que reflejan las cifras oficiales”. Al mismo tiempo, aclara que, según “tributaristas” consultados por el diario, el plan “no debe ser considerado moratoria ni tiene que ser sometido a la aprobación del Congreso” porque “excluye la condonación de las deudas”.

Al entrar en el terreno de las justificaciones, Kanenguiser se detiene en dos posibles razones oficiales vinculadas a la creación del plan de pagos: “la necesidad de acortar la brecha fiscal de 2012”, ya que por primera vez en dieciséis años hubo déficit fiscal primario; o la decisión de “aliviar la situación del sector privado a pocos meses de las elecciones legislativas de octubre, mientras varios indicadores como la creación de empleo, ya están mostrando deterioro en la actividad económica”.

Con el cintillo “La presión fiscal”, Clarín acomoda este foco noticioso en su “Tema del día”, entre las páginas 3 y 6. En la nota central deja en claro que la “moratoria” surge mientras el Gobierno está “apremiado por un déficit fiscal creciente”. Al igual que lo señalado por Ámbito, Ismael Bermúdez anota que los impuestos que se vayan venciendo “no podrán ser pagados en cuotas, como estaba permitido, sino al contado”.

Entre las planas 4 y 5 de Página/12, Javier Lewkowicz valora la medida porque “apunta a rescatar a pymes que sufrieron las consecuencias de la crisis internacional”, además del beneficio para el sector privados y los contribuyentes particulares. Justamente, en un recuadro amplifica la “satisfacción” de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios (Apyme). En otro orden, aclara que el plan “no alcanza” ni al impuesto a las Ganancias ni a Bienes Personales.