Manual de operaciones cambiarias

Los argentinos ahora se encuentran con que tienen que hacer un curso acelerado para saber cómo hacerse del dinero. Y deben aprender algunas particularidades, según el destino elegido. Entre ellas, si conviene adquirir desde aquí la divisa que rige en ese país o hacerlo al llegar al lugar

Pasaron ya diez largos meses desde que diera a luz el cepo cambiario. Al principio, en su versión “ligth”, que luego derivó en un bloqueo casi absoluto a la compra de moneda extranjera.

Hoy, parecen muy lejanas en el tiempo las afirmaciones (pre-electorales) de Marcó del Pont, titular del Banco Central, cuando señalaba que en el país abundaban los dólares y que si no hubiese sido por su intervención en el mercado cambiario el “billete verde se habría desplomado a $2,82″.

Pero, en realidad, fue hace apenas un año -en tiempos prelectorales- cuando el Gobierno se ocupaba de animar la fiesta consumista y el “déme dos”, de cara a las urnas.

Apenas asumió, la “sintonía fina” que predicaba la Presidenta -que hacía suponer que sólo se trataba de leves retoques al modelo económico- se transformó finalmente en “munición gruesa” disparada contra varios sectores.

Incluyó, entre otros aspectos, una fuerte intervención del Estado en el sector privado, el mayor bloqueo a las importaciones y el sacarle a los particulares la posibilidad de ahorrar en la moneda que quieran, quedando así presos del modelo inflacionario generado por la propia administración K.

Así las cosas, hoy sólo queda en pie la opción de hacerse de unos “magros” billetes, en caso de que se necesite viajar, ya sean los tan ansiados dólares u otros signos monetarios.
Es obvio que pese a que la restricción abarca a todas las divisas, tiene a la estadounidense como la principal destinataria.

Previo al cepo, prácticamente concentraba el 80% de la demanda del  mercado, seguida a gran distancia por el real brasileño, el euro y la libra esterlina. El resto de las monedas tenía una participación casi nula.

Claro está que, en líneas generales, los motivos que impulsaban las compras de estos signos monetarios resultaban muy diferentes. En el caso del dólar era el de “atesoramiento”, mientras que para el resto las adquisiciones respondían básicamente a cuestiones vinculadas con el turismo.

Pero no solo hubo cambios por el lado de la demanda. También se dieron fuertes modificaciones por el lado de la oferta. Entre ellas, la de las casas de cambio, que son las que deben disponer del “menú” de divisas.
Hasta antes de las restricciones cambiarias, la provisión de aquellas que no fueran las de mayor requerimiento era muy limitada, ya que al ser tan baja la necesidad del público, no era rentable mantener stocks de las mismas.

Sin embargo, en el caso puntual de los reales y los euros existía cierto mercado que se abastecía de las ventas que realizaban los propios turistas que llegaban tanto de Brasil como del Viejo Continente con la moneda común en sus bolsillos.

Con el cepo rigiendo a pleno incluso esta corriente se vio afectada, ya que muchos turistas extranjeros -avisados de que ahora en Argentina existe un dólar que se llama “blue” y que cotiza muy por encima del oficial- optan por cambiar su dinero en la plaza informal y esquivan a las casas de cambio.

En este contexto, a partir de la última resolución de la AFIP (3356), el mercado asiste a una serie de situaciones que son paradojales:

Muchas casas de cambio prácticamente quedaron fuera del negocio, ya que se observa una fuerte concentración de operaciones en muy pocas entidades que, curiosamente, no se encuadran en dicha categoría.

Estas pocas, que pueden ser contadas con los dedos de la mano, absorben casi la totalidad de las negociaciones, al poder contar con el “inventario” de monedas necesario para abastecer el total de requerimientos.

“Cuando nuestros clientes nos consultan sobre alguna divisa en particular, que no sean dólares, euros o reales, directamente les aconsejamos que vayan a las grandes conocidas, como casa Piano. Para el resto no hay mercado, porque no podemos estoquearnos de muchos otros signos monetarios”, se sincera el directivo de una casa de cambio ubicada sobre la calle Florida.

Así las cosas, muchas firmas de esta área de actividad, que gozaron de su esplendor en épocas de la llamada “fuga hormiga” -donde las colas para hacerse de dólares formaban parte de la postal cotidiana porteña- ahora sólo se resignan a la lucha por su supervivencia.
Prueba de ello es que el mercado se redujo a su mínima expresión y muchas casas de cambio ya han pedido la suspensión de actividades al Banco Central, tal como diera cuenta este medio.

“Estamos enfrentando muchas dificultades para poder incrementar el volumen de operaciones, que se ha visto fuertemente reducido”, señala Leonardo Calieri, vicepresidente de Pasamar.

“Hoy dependemos de las ventas de monedas que hacen los turistas, de algunas operaciones puntuales con bancos y agencias de turismo”, agrega.
Calieri remarca que “debido al menor nivel de transacciones hemos decidido tomar medidas drásticas para reducir costos. Aun así, estamos evaluando suspender nuestras actividades, siguiendo los pasos de otros colegas”.
“Hacemos lo que podemos para abastecer a nuestras sucursales del interior, especialmente las de provincias limítrofes. La de Entre Ríos, por ejemplo, debe satisfacer la demanda de pesos uruguayos y reales. Así, en las distintas dependencias”, apunta el oficial de banca de individuos de una entidad.
“Con respecto a la variedad de monedas, por el momento no estamos evaluando sumar divisas de otros países para ofrecer a nuestros clientes”, agrega.

Pocas casas con stock y variedad A diferencia de los casos anteriores, Carlos Burelli, de la firma Puente asegura que la firma “tiene disponibilidad de monedas de diferentes países, como por ejemplo:

• Libras Esterlinas • Francos Suizos • Coronas Danesas • Dólares Canadienses • Yenes • Dólares Australianos • Rands Sudafricanos • Soles Peruanos • Pesos Mexicanos • Pesos colombianos • Bolívares
Por el lado de la demanda, muchos viajeros prefieren comprar directamente las monedas de los países de destino, en vez de dólares.
Alegan que en el caso de viajar con divisas estadounidenses se ven obligados a venderlas al llegar al lugar para comprar moneda local, por lo que deben afrontar una pérdida, que estará en función de la brecha existente entre las puntas compradora y vendedora.

En diálogo con iProfesional.com, Burelli, de Puente, afirma: “Nosotros aconsejamos a quienes vayan a países no limítrofes que viajen con las monedas respectivas”.

Y agrega: “En cantidad de operaciones las más demandadas son: euros, reales y pesos chilenos. En líneas generales, observamos un bajo número de venta de dólares, siendo Europa el destino más elegido en este momento”.
“En términos proporcionales, la compra de billetes verdes cayó con relación al resto de los signos monetarios. Y los montos son muy variados, dependiendo del destino, la cantidad de días del viaje y el nivel de gasto de los clientes”, sostiene Burelli.

“En el caso de Perú, la validación puede hacerse para comprar soles peruanos o dólares y, sin embargo, vemos que la mayoría de los que viajan por turismo, trabajo o convenciones, prefieren la primera opción”, admite el ejecutivo de Puente.

“En cuanto a los montos promedio por operación y por persona, para viajar a Europa éstos son del orden de los $7.000 mientras que, para los países limítrofes desciende a $4.000″, señala el directivo de una tradicional casa ubicada sobre Sarmiento.
Burelli recuerda una recomendación que le hace a todos los que quieran viajar: “No hay que dejar para último momento la compras de divisas. Creemos que lo más conveniente es que la requisitoria se realice entre los 3 y 5 últimos días hábiles antes de viajar”.

Las cotizaciones marcan la diferencia Si se analizan en detalle las cotizaciones de las monedas más demandadas por el público local y se las coteja con los precios de venta en las diferentes plazas, se observa que el tipo de cambio implícito para cada una de ellas muestra una brecha que va desde el 3,6%, en el caso del euro, a más del 14%, en el caso del peso chileno.

Con estas diferencias, el tipo de cambio implícito que surge de las operaciones autorizadas por la AFIP y concretadas en el mercado dista mucho de los $4,67 por dólar que marcan las pizarras del microcentro. En el mejor de los casos asciende a $4,82 y, en el extremo superior, se ubica en los $5,33 por unidad.

El siguiente cuadro permite apreciar el dólar implícito por conversión, según cada moneda:

Distintas cotizaciones de monedas, y la brecha entre el cambio oficial y el paralelo

Distintas cotizaciones de monedas, y la brecha entre el cambio oficial y el paralelo

Chile
En el caso del peso chileno, por ejemplo, sucede lo siguiente:

• Si se supone una compra de $10.000, al tipo de cambio oficial de $4,67 por dólar, se obtendrían u$s2.141.

• Si ese monto se destinara, por ejemplo, a la compra de dicha moneda, se podrían adquirir unos 898.000 pesos chilenos.

• En cambio, si la transacción se hiciera directamente con dólares en una casa de cambio situada en el vecino país, con esos u$s2.141 se podrían adquirir $1.028.000 chilenos (pues el tipo de cambio vigente es de 480 pesos por dólar).

• Si se comparan ambos montos, ($1.028.000 vs. 898.000) la diferencia es del orden del 14,5% a favor de la compra directa.

Uruguay
En el caso de los pesos uruguayos, el ejemplo es el siguiente:

• Con esos $10.000 se compran 2.141 dólares, a un tipo de cambio de $4,67.

• Si con estos dólares se compran pesos uruguayos en Montevideo, la conversión es de 21,3 unidades de esa moneda por divisa estadounidense.

• Así, se obtienen 45.610 uruguayos (u$s2.141 x 21,3).

• En cambio, si esos mismos pesos uruguayos se compran directamente en el mercado argentino, a un tipo de cambio de $0,234, se obtendrán 42.735 pesos uruguayos.

• Es decir, la “brecha” o diferencia porcentual (45.610 vs. 42.735) es del 6,7%.

• Si ese porcentaje (6,7%) se aplica al tipo de cambio oficial ($4,67), se obtiene que el tipo de cambio “implícito” en la operación sube a $4,97.

Repasando la última norma de la AFIP sobre el particular (3356) en sus considerandos expresa que “se considerará, a los efectos de la validación, el destino informado y la moneda que se pretenda adquirir”.

Agrega que, de esta forma, se posibilita que la persona que pretenda viajar pueda acceder a la compra de la moneda de curso legal o de uso corriente en el país de destino.

Así, el organismo no sólo es el encargado de validar o rechazar cada pedido de compra de divisas, sino que, además, es el que define el tipo de moneda al que podrá acceder el interesado, algo que antes era una atribución del viajante.

En este punto conviene hacer una aclaración importante: quienes se dirijan a destinos regidos por signos monetarios que resultan difíciles de obtener, el dólar es el que sigue en pie.

Es decir, que continuará siendo la divisa de referencia para la mayoría de los latinoamericanos, los europeos que no están en el euro o los asiáticos.

La decisión oficial significa una avanzada en cuanto a las atribuciones del organismo, ya que no sólo restringe las ventas sino que también determina qué divisas venderá.

No voy en tren, ni en avión, en auto
Uno de los puntos que más dudas genera en cuanto a las validaciones para la compra de divisas es el que se refiere a la situación de aquellos turistas que cruzan las fronteras en auto.

Es obvio que no cuentan con comprobantes ni tickets que les permitan validar dicho viaje.

En tal sentido, desde el Banco Central se aclaró que para ellos se aplicará el mismo protocolo que para el resto, con una diferencia fundamental: la concreción del viaje se chequeará luego de ser efectuado.

Desde la AFIP se informó que deberán consignar el destino y el medio de transporte a utilizar, en este caso un auto propio.