Paraguas de Luto 18F

Oid Paraguas el grito sagrado… Seguramente la lluvia y los paraguas le dieron un marco más especial, al homenaje y pedido de Justicia por Nisman. Desde el televisor si uno sintonizaba el Canal Oficial, los paraguas no eran tantos, pero fueron cientos de miles, y en el resto del país más de 100mil. Respeto, aplausos y el himno cantado hasta el infinito. Sin disturbios, sin agresiones, sólo dolor y en muchos la sensación de que la justicia será posible, aunque más no sea, a partir del 10 de diciembre de 2015.

‘Argentina, Argentina’, ‘justicia, justicia’ y el himno nacional, únicos lemas entre el silencio.

Pese al diluvio, miles se movilizaron en Buenos Aires, el interior del país y el exterior. Detrás de los fiscales y la familia, caminaron políticos opositores, intelectuales y empresarios.

La marcha comenzó compacta, guiada por la gente, la cabecera con la familia, los fiscales y jueces debió esperar a que el camino hacia la Plaza de Mayo se encausara. Avanzar era tarea difícil. La lluvia amainó de a ratos pero nunca paró y la gente siguió: “Y llueve y llueve y el pueblo no se mueve”, se escuchaba desde la multitud.

Había familias, ancianos, jóvenes; miles que durante dos horas caminaron empapados y pasaron frente al edificio céntrico que ocupa la UFI AMIA, al 760 de la Avenida de Mayo. “Por favor, que pare de llover”, suplicó una mujer mayor a lo que otra junto a ella respondió: “Por esto vale la pena mojarse, lo demás se resuelve con una aspirina”.

Una vez la cabecera logró arribar a la Plaza de Mayo, ya no cabía nadie y una vista aérea bastaba para dar cuenta de que lo mismo ocurría con las calles aledañas: un paraguas al lado de otro. El acto fue escueto y se limitó a pedir un minuto de silencio, tras lo que la multitud inició la lenta desconcentración. Pero la gente, bajo la intensa lluvia que no dejaba de caer, no quería irse. Los concurrentes se miraban entre sí, se preguntaban cuántos calculaban que habrían ido.

En el otro lado de la trinchera, el kirchnerismo ha tratado de contrarrestar la repercusión de la marcha horas antes, con un acto público de Kirchner organizado en Zárate, en la provincia de Buenos Aires, en el que la mandataria no se ha referido a la movilización. “Este Gobierno no permite que nadie le marque la cancha”, se ha limitado a decir como única alusión indirecta al caso Nisman.

Kirchner y sus ministros fueron de alguna manera promotores del éxito de la “marcha del silencio”. Los comentarios desdeñosos de la mandataria la semana pasada (“a ellos les dejamos el silencio, nosotros nos quedamos con la alegría”, declaró ante sus simpatizantes en la Casa Rosada) alimentaron el fuego de una convocatoria que tal vez no se habría realizado si el Gobierno hubiera afrontado la crisis con otras armas dialécticas. Pero desde la Casa Rosada no hubo nunca ni pésames ni condolencias hacia la familia del fiscal.