Aumentos de comisiones bancarias en productos transaccionales, tanto de paquetes básicos, premium, cajas de seguridad, renovación y mantenimiento de tarjetas de crédito

En la primera parte del año el aumento promedio fue del 20%, con lo que si se le suma este 15% acumulativo, da un 38% de promedio en todo el año, más del doble del 17% de la inflación prevista por el BCRA. Desde hace un año y medio se liberaron las comisiones, con lo cual cada banco puede cobrar lo que quiera, luego de haber tenido las comisiones reguladas.

“Al liberarse las comisiones, empieza la competencia perfecta, y los clientes decidirán por la mejor propuesta de valor. Algunas entidades públicas pueden ser más baratas porque tienen una estructura de fondeo más económica, al tener muchos planes sueldos del sector público, que nosotros tenemos que salir a combatir con mejores tasas de plazo fijo. Aparte, ellos suelen tener las sucursales mucho más saturadas de gente”, se excusan los gerentes de Producto de los privados.

En la web del BCRA se puede ver el comparativo de comisiones que cobran las distintas entidades. Por la renovación anual de una tarjeta de crédito internacional el más caro cobrará ahora más de $2000, mientras en el Nación se consigue por $544,50. Por la administración y mantenimiento de cuenta algunos pasarán a cobrar más de $100 mensuales, mientras otros pueden cobrar $36. También hay que prestarle atención a la tasa efectiva anual, donde algunos pueden cobrar 37% como el Nación y otros más del 100%.

El paquete básico, que comprende una o más tarjetas internacionales, caja de ahorro en dólares y cuenta corriente, va desde $60,50 de mínima a $420 de máximo, con un promedio de $ 263. El mantenimiento de la cuenta corriente sale desde $48 a $396, con un promedio de $214. El talonario por 50 cheques va desde $36 hasta $543, con un promedio de $181, con una tasa efectiva anual que puede ser desde 0 hasta el 95%, con un promedio del 57%.

El destrato oficial hacia los bancos de Prisma tiene una explicación. En el Gobierno creen que, con estas maniobras, las entidades resisten y reaccionan la embestida que iniciaron algunos organismos públicos para terminar con el monopolio del negocio de las tarjetas. Fueron dos grandes “estocadas” en sólo unos pocos meses: la primera, cuando la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia decidió denunciarlos por “abuso de posición dominante” e inducirlos a vender Prisma; la segunda, cuando el BCRA puso el “tope máximo” a las tasas de intercambio.

Esto último apuntó a reducir el arancel que cobran los bancos a la compañía de tarjeta de crédito (el “adquirente”) cada vez que se hace un pago con el plástico en un comercio. Sobre el 3% del monto de una compra, el banco emisor se quedaba antes con un 2,7% o 2,9% de esa alícuota (con lo que, finalmente, dejaba sólo 0,1% o 0,3% de comisión para la compañía de tarjetas o “adquirentes”). Esto desalentaba, claramente, el ingreso de eventuales competidores en el mercado, porque el negocio sólo resultaba apetecible cuando el adquirente y el banco emisor fueran la misma compañía, como sucedía en el caso de Prisma y las catorce entidades del sistema. La normativa del BCRA dispuso, entonces, que esta tasa de intercambio se redujera gradualmente: desde el 2,7% de entonces en tarjetas de crédito, al 2% en abril pasado y hasta llegar al 1% en 2021. Y en las débito, al 1% en abril y el 0,6% en 2021.