Se frenó la demanda de créditos bancarios

Fue justamente en octubre de 2011, poco antes de que la presidente Cristina Kirchner sorprendiera a los agentes económicos con el inicio de una batería de medidas de mayor control de la actividad privada cuando se alcanzaron los picos de alza del crédito privado.

Las líneas comerciales, es decir a las empresas, se expandían a más de 54% en comparación con los valores de un año antes, las de consumo le seguían con poco más de 48% y las con garantía real, para compra de autos y de la vivienda superaban el 40% de aumento.

Eran tiempos virtuosos donde a pesar de la persistencia de desequilibrios en algunos aspectos de la economía real, como las brechas entre las alza de los salarios, la expansión monetaria, la inflación y la devaluación del peso que exigían revisiones para no afectar el crecimiento con inclusión social.

Un año después se observa que las medidas elegidas, como el cepo cambiario, primero a los importadores, pero luego extendido a las familias, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, la confiscación de las acciones de YPF y más recientemente el empecinamiento en no buscar una salida al default pendiente, minaron la confianza y frenaron la expansión de la actividad agregada.

Ese nuevo escenario replicó con singular similitud en la tendencia de los pedidos de préstamos de las empresas y también de las familias al sistema bancario.

Como en 2008 y 2009 el fenómeno se propagó rápidamente al crédito, el cual desaceleró violentamente el ritmo de aumento, sin que aún se perciba la proximidad de un punto de giro.

Aunque entonces la incertidumbre se generó en la crisis financiera internacional que provocaron los créditos hipotecarios con garantías que pasaron a ser insuficientes y ahora el mal clima económico lo provocó la denominada política interna de sintonía fina.

Impacto contractivo sobre el empleo
Ahora, las tasas de crecimiento de la demanda de crédito se limitan a 17,7% al año para el caso de las empresas.

No sólo significa una desaceleración de 37 puntos porcentuales en un año, sino que peor aún implica la cancelación neta de las deudas, sea ajustadas por las tasas de interés pagadas, sea por la tasa de inflación que es más alta.

El punto inquietante es que semejante retracción da cuenta de la ausencia de planes de inversión de las empresas a modo agregado, más allá de anuncios puntuales de firmas con alcance mediático e interesadas en agradar al Ministerio de Industria, fenómeno que redunda en la destrucción de empleos.

De ahí que se llega a una situación conflictiva, como describió el economista Adolfo Sturzenegger en una nota de opinión en el diario La Nación: “La economía está señalando una situación de estanflación, de manera que está combinando dos hechos negativos: alta inflación (superior al 20% anual) con estancamiento de la actividad económica. Esto no es bueno, porque la política macroeconómica se introduce en una encrucijada difícil: si esa política es expansiva, se agudiza la inflación; si es contractiva, se intensifica el estancamiento”.

En el caso del consumo, que comprende las líneas personales, como el financiamiento a través del uso de las tarjetas de crédito, atenuó el aumento interanual a 34,7%, unos 10 puntos porcentuales menos que un año atrás. También representan cancelaciones netas, porque crecen menos que el costo.

Asimismo, las líneas hipotecarias acusan una singular desaceleración, pese al impulso que ha intentado darle el Gobierno nacional por la vía del Plan ProCrear. Ahora se expanden en valor a ritmo de 26%, casi 24 pp menos en un año.

“No es un fenómeno que sorprenda. Los créditos comerciales pierden fuerza porque la incertidumbre que trajeron el cepo cambiario y las medidas tomadas en los últimos doce debilitaron la inversión. Sólo hay pedido de financiamiento para capital de trabajo”, observó en diálogo con Infobae el director de Emprendia Consultores y ex gerente general del Banco Central, Hernán Lacunza.

Destacó el experto, en línea con economistas de bancos privados que prefirieron mantener el anonimato, que “si las ventas de autos al mercado internos bajaron 20% en octubre, también se retraigan los pedidos de créditos prendarios”.

Del mismo modo, la pesificación forzosa de las operaciones inmobiliarias derrumbó las compra y venta de departamentos y casas, a ritmo de dos dígitos altos, 37% en la Ciudad de Buenos Aires, pero también en la provincia de Buenos Aires y el interior, y con ello perdió interés el crédito hipotecario.

Así informamos en CepoCambiario.com que se repite un fenómeno que se observó durante los casi doce meses que al mercado le llevó digerir la crisis hipotecaria internacional entre 2008 y 2009. Ahora se asocia a los efectos negativos de la sintonía fina de la política económica local