Argenzuela se usa mucho. Venetina, no tanto?

Cristina sigue la huella de Venezuela. El nombre de ambos países se utiliza en los informes que en el mundo de los negocios y las finanzas se realizan para entender las economías de Argentina y Venezuela. El juego de palabras cobra fuerza al comparar una década de políticas económicas de ambos países.

Los paralelismos son muchos. Pero en los últimos meses se han acentuado. Y no son pocos quienes concluyen, ante las evidencias, que Venezuela es un buen ejemplo para anticipar lo que luego puede ocurrir en la Argentina. Las restricciones y regulaciones en el mercado cambiario, la administración de precios y la política comercial vinculada a la contención de la inflación, sobresalen en este juego de comparaciones y similitudes.

La restricción al acceso de dólares que Cristina Kirchner decidió aplicar pocas horas después de obtener la reelección, en octubre de 2011, fue la normativa que obligó a mirar nuevamente a Venezuela. Allá, el cepo cambiario arrancó mucho antes, en 2003.

Fue la respuesta del ex presidente Hugo Chávez al descalabro económico que siguió al breve golpe de estado que sufrió de 2002. El cepo original de Venezuela se fue perfeccionando con diferentes medidas complementarias, y en los últimos días el presidente encargado Nicolás Maduro anunció nuevos cambios, como se explicará más adelante. Acá el cepo arrancó en noviembre de 2011. En los 17 meses que siguieron, hasta hoy, se anexaron diferentes normativas para tapar la fuga de capitales, aunque el objetivo lejos estuvo de cumplirse”.

En Venezuela, el dólar tiene una cotización oficial de 6,3 bolívares. El venezolano que no puede acceder a ese precio y acude al mercado oficial acepta pagar 300% más: 23,50 bolívares. Allá se acude a la compra de bonos que luego son liquidados en el exterior (Contado con liqui). Lo mismo ocurre acá. Pero la brecha por ahora no es tan amplia. Contra los 5,12 del precio oficial se llegaron a pagar esta semana hasta 8,75. La distancia entre uno y otro, casi 70% Un año antes de las elecciones presidenciales que ganó en octubre de 2012, Chávez decidió un congelamiento de precios para bajar la inflación, que se acercaba al 30% anual. Chávez, pomposamente, lo llamó Ley de Costos y Precios Justos . Metió en esa canasta 18 productos de primera necesidad. Entre ellos el agua natural, el jugo de fruta, lavandina, jabón, detergentes líquidos, limpiadores, champú, desodorantes, papel higiénico y los pañales descartables. A los pocas semanas, Chávez complementa el congelamiento con la importación masiva de alimentos,  para bajar los precios. En un año, estas compras se comieron cerca de 15.000 millones del superávit de la balanza comercial. Se decía que las empresas importaban alimentos solo para acceder al dólar a precio oficial. Y que hasta se llegaba a tirar a la basura al alimento importado porque no había dónde colocarlo. Lo importante era acceder al dólar.

En Argentina el congelamiento arrancó el 1 de febrero, y ahora ya se habla de abrir las importaciones para “castigar” a los que se aprovecharon de la protección para aumentar precios en lugar de producir más. Lo dijo Cristina el jueves y se los reiteró a los empresarios Guillermo Moreno, el viernes.

Finalmente, Maduro (con Chávez en coma) decidió una devaluación del 32%. Ahora habla de flexibilizar el acceso a la compra de dólares. Dos pasos que acá todavía no se dieron… por ahora.