Nicolás Dujovne conforme con la primera reunión con Lagarde en representación del FMI

Nicolás Dujovne estaba contento ayer en Washington. La reunión con Christine Lagarde, a la que se sumó también David Lipton, había transcurrido por los mismos carriles de diálogo que la Argentina mantuvo con el FMI desde que comenzó la crisis. Sólo hay un problema de fechas por resolver: el board que debe aprobar el nuevo acuerdo se reúne recién la segunda quincena de septiembre. Será antes de que Mauricio Macri viaje a los EE.UU., pero en estos días que se están viviendo en el país esos plazos suenan eternos.

La sorpresa para el equipo de Dujovne no estuvo ayer en las conversaciones con Lagarde, sino en constatar al aterrizar en Washington que Luis “Toto” Caputo no estaba allí como se había acordado. El propio ministro se comunicó a través de Santiago Bausili y Guido Sandleris para saber qué ocurría con el jefe del BCRA. Le pasaron el mensaje: Caputo había decidido quedarse en Buenos Aires para monitorear la mesa del Central. Fue una salida diplomática para un conflicto que comenzaron a revelar los radicales que estuvieron el domingo en la residencia de Olivos cuando se negociaba la reforma al Gabinete nacional.

“La relación entre ambos no es buena y hay tensión con ciertas decisiones”, confirmaban ayer a este diario.

El ministro de Economía es el padre del acuerdo con el FMI. Este renegociado y el anterior. Su relación con Lagarde y la forma en que se negoció son el sello que marca su protagonismo en este tema. Dujovne es partidario de intervenir en el mercado del dólar con contundencia y utilizando las reservas del Banco Central, pero siempre dentro del acuerdo con el FMI. Por eso no estuvo convencido de apurar un mensaje presidencial; le pidió tiempo al Gobierno para avanzar con el adelantamiento de desembolsos y la autorización para utilizar reservas contra dólar. No fue así.

Caputo está en la vereda de enfrente. Como hombre del mercado maneja la mesa de dinero y el día a día para apagar como sea el incendio del mercado cambiario. Y ahí está la diferencia entre ambos, que termina tomando la forma de la negociación con el FMI.

Dujove cree que es clave no buscar atajos ni “argentineadas”, mantenerse dentro del acuerdo con el Fondo y calcular bien los fondos necesarios en este segundo round. No habrá otra chance. Caputo no quería esperar.

Ese cruce de ideas terminó con la anécdota sobre una pelea en Olivos, afuera del salón donde estaban reunidos, que todo el mercado contaba ayer. Incluso algunos describieron escenas de amenazas físicas.

El equipo argentino se queda en Washington y Dujovne vuelve hoy. No hay demasiados interrogantes que despejar: políticamente el acuerdo puede considerarse aprobado; restan los temas técnicos. Y esto no es solo porque Lagarde le dio la bendición (que es causa necesaria pero no suficiente) sino porque los apoyos políticos están.

Ayer Mauricio Macri recibió en persona un espaldarazo importante, que se reflejará en la votación del board del Fondo. Donald Trump se tomó 15 minutos para hablar por teléfono con el presidente argentino. Después salió un comunicado de la Casa Blanca (ver aparte) con el apoyo a la gestión Macri en términos poco habituales para las costumbres estadounidenses. Trump tiene a la Argentina en la mira y no solo porque Macri le resulte simpático. El Departamento de Estado teme que haya conflictos durante el G-20, al que Trump confirmó asistencia, pero al mismo tiempo no quiere que Latinoamérica en crisis se meta como un ingrediente mas de su guerra comercial con China. Es tiempo para que la Casa Rosada aproveche un poco mejor estas ventajas.