El BCRA y el FMI pactan que se mantendrán las super tasas

El BCRA y el FMI pactan que se mantendrán las super tasas. El acuerdo con el FMI sería perfectamente cumplible si no fuera por un detalle: se trata de un ajuste del gasto público inédito y para colmo en un año electoral. NI el anuncio de un préstamo récord de USD 50.000 millones anunciado el jueves consiguió despejar las dudas que tienen los inversores con la Argentina. Nadie está dispuesto a poner las manos en el fuego: no sólo el país entró en reiteradas oportunidades en cesación de pagos, también defaulteó casi todos los acuerdos firmados con el FMI a lo largo de las últimas décadas.

La historia nos juega en contra no sólo por estos incumplimientos reiterados de los compromisos. También es un tema de conducta. Del análisis del comportamiento de los últimos años surge un patrón muy claro. Los gobiernos se vuelven mucho más gastadores en años electorales, mucho más cuando se trata de elecciones presidenciales. Además, han contado con el respaldo de un Banco Central que acompañó esos desmadres de gasto avalando con mayor emisión monetaria.

Basta hacer un repaso de las principales variables económicas en los siguientes años: 2005,2007, 2011, 2013, 2015 y 2017. El 2009 queda excluido porque fue justo después de la crisis financiera global y sería injusto incorporarlo en el análisis. Pero más allá de esta excepción, todos fueron períodos de crecimiento económico, pero acompañado de un incremento del déficit fiscal y de la emisión monetaria. Ni Néstor, ni Cristina Kirchner, pero tampoco Mauricio Macri se salvan de esta descripción.

La tasa de interés seguirá siendo un componente fundamental para conseguir de una vez que baje la inflación. Y desde el FMI transmitieron un mensaje a los negociadores del Banco Central: “Tienen que ser mucho más consistentes en las políticas que aplican para conseguir que baje la inflación”.

La traducción de este mensaje es que el titular del Central, Federico Sturzenegger, se equivocó en las dos oportunidades en que avanzó con una reducción de tasas, a fines de 2016 y en enero de 2018. En ambas oportunidades, el relajamiento monetario llevó a fuertes repuntes inflacionarios en los meses posteriores.

Para evitar nuevamente el mismo error, el FMI y el Central pactaron que las tasas de interés deberán permanecer en niveles muy elevados hasta que no haya señales mucho más claras de una reducción de la inflación. Y esto no sucederá en el corto plazo. En mayo la inflación núcleo rozó el 3% y se repetirían cifras similares en junio y posiblemente en julio. Por lo tanto, será extremadamente difícil que baje en este período la tasa de referencia del 40% fijada por el BCRA.

La consecuencia es que las PYME tendrán que soportar como mínimo algunos meses más de costos astronómicos para descontar cheques, es decir financiar capital de trabajo. Los problemas de este encarecimiento del dinero son palpables: este mes será complicadísimo para muchas empresas salir a pagar el medio aguinaldo, en medio además de la caída del consumo.

Enfriar la economía es parte del plan diseñado junto al FMI. Es lo único que permitirá en el corto plazo que la suba del dólar no se traslade mucho más rápido a los precios. Al revés de lo que sucedió en la primera etapa del Gobierno, ahora la prioridad será bajar la inflación y en un segundo plano aparece el crecimiento económico.

El esquema de metas de inflación elegido, que implica que las tasas de interés son el principal instrumento para dominar los precios, se mantiene vigente. Esta vez, sin embargo, el Central no estaría tan solo: si baja el déficit fiscal como está comprometido y desaparece la obligación de emitir pesos para financiar al Tesoro, resultará de enorme ayuda para alcanzar aquel objetivo. Las tasas muy altas evitarían, además, que se produzca otro episodio de corrida cambiaria como el del mes pasado y se supone que de a poco incentivar el ingreso de dólares para apostar por instrumentos en pesos.

Insistir con las super tasas para bajar la inflación no convence a todo el mundo. El ex viceministro de Economía de Carlos Menem y ex rector del CEMA, Carlos Rodríguez, posteó ayer en Twitter: “El inflation target llevará la inflación a 30% o más al cabo de tres años, dos recesiones (2016 y ahora viene otra en 2018) y acumuló un stock de deuda en Lebacs tan grande que hay que pedir ayuda al FMI para cancelar parte. ¿Qué hace falta para darse cuenta de que este método no funciona?”. La misma duda carcome al ala política del Gobierno. Pero no es el momento de andar ventilando semejantes objeciones, mucho menos horas después de haber conseguido un millonario paquete del FMI. El BCRA y el FMI pactan que se mantendrán las super tasas