Más ajustes desordenados para tranquilizar los mercados

Sin estrategías a largo plazo, solo ir con parches para aguantar lo más posible y no ahogarse en el intento. Recordemos que toda la política Argentina se concentra en estirar la mecha de la bomba económica hasta el fin del mandato a fin de 2015.

Ajustes como el cepo, los controles de precios, el cierre de las importaciones y otras regulaciones más generan efectos negativos sobre la economía, el problema central lo tienen en el déficit fiscal a pesar de la fenomenal carga tributaria, con un gasto público que se disparó.

En enero, el gasto corriente de la administración pública nacional aumentó el 46,2% anual y el gasto total el 45% en tanto que los ingresos corrientes, bien medidos, subieron el 37%. El déficit fiscal de enero sumó $ 6.172 millones. En 2013, el déficit fiscal sumó $ 126.000 millones con el gasto público creciendo al 35% anual. Es decir que hasta enero no lograron frenar la suba del gasto. Sin embargo, todo parece indicar que ahora sí lo harán, pero en términos reales. Dicho de otra manera, intentarán que el gasto público suba menos que la inflación para licuarlo. El ejemplo más categórico es el aumento del 11% de las jubilaciones que ya está licuado en el primer bimestre del año.

El punto a reveer es que este tipo de ajuste implica mantener una inflación que supere, por un lado los incrementos salariales y, por otro, que la tasa de interés sea mayor a la tasa de devaluación para que la gente no se vuelque al dólar. Sobre este punto volveremos más adelante.

Si van a bajar el gasto público necesitan licuar jubilaciones, salarios de los empleados públicos y planes sociales. Obviamente, aquí hay una acción que bajará el consumo. Luego viene el ajuste de salarios en el sector privado, algo que CFK ya le pidió a la Unión Industrial Argentina. Claramente, el gobierno apunta a hacer caer los salarios reales lo que conducirá, inevitablemente, a una caída del consumo que ha sido el motor que por excelencia siempre utilizó el kirchnerismo para estimular la economía.

Hay 2 motores que mueven la economía son las inversiones y las exportaciones. En este contexto de locura intervencionista, inseguridad jurídica, amenazas de confiscar mercaderías, clausuras de locales comerciales y hasta penas de prisión por acaparamiento, ni por casualidad podemos esperar un dólar de inversión. De manera que este es otro motor que no funciona.

En las exportaciones, si bien hacia fines de enero el gobierno pasó de una devaluación diaria a una devaluación del 16% en solo dos días, lejos está el tipo de cambio real de haber alcanzado un nivel de convergencia como sostienen en el gobierno. Revisando la serie histórica del tipo de cambio real de los últimos 44 años, los planes económicos parecidos (regulaciones, controles, déficit fiscal, etc.), como fueron la inflación cero de Gelbard (1973), el Plan Austral (1985) y el Plan Primavera (1988) y tomando sus primeros momentos de “éxito”, el promedio de tipo de cambio real de esos planes se ubica entre los $ 17 y $ 20 actuales. Dicho en otras palabras, la foto actual muestra que a torpezas económicas similares, hoy el tipo de cambio está casi a la mitad de los fracasos de los tres planes mencionados. Esto quiere decir que seguirá habiendo problemas por el lado del sector externo si el gobierno ancla el tipo de cambio en $ 8.

Lo que ha hecho el gobierno a partir de la devaluación de enero es tratar de anclar el tipo de cambio con las siguientes medidas: obligar a los bancos a vender el 50% de sus posiciones de divisas, bonos en divisas y derivados (fundamentalmente futuros). Con esta medida consiguieron forzar la baja del dólar marginal de $ 13 a los $ 11 que cotiza al momento de redactar esta nota. Paralelamente, el Central secó la plaza de pesos colocando bonos de corto plazo y subió la tasa de interés.

La ficha del gobierno es que el mercado venda dólares y se coloque a tasa de interés. En los dos primeros meses del año los depósitos a la vista (cuentas corrientes + cajas de ahorro) aumentaron $ 10.456 millones y los depósitos a plazo fijo subieron $ 19.413 millones. Con esta estrategia, el Central pretende forzar la tranquilidad cambiaria bajo el viejo esquema de “te doy tasa dame dólares”.

Al mostrar la tranquilidad del mercado de cambios, la gente se convence que por unos meses el dólar puede quedarse quieto y opta por vender dólares y con los pesos hacer un depósito a plazo fijo para ganarse una tasa de interés del 2,5% mensual en dólares. Claro que para arriesgarse a esta jugada, hay que estar convencido que el dólar no se va a disparar antes que el inversor retire sus pesos del banco y vuelva a comprar dólares al precio que vendió.

Este peligroso  juego, si continúan por un plazo largo, se van acumulando intereses devengados y más stock de Lebacs, Nobascs y pases. Puesto en otras palabras, si la timba financiera que armó el Central sigue, cuando se produzca la salida, por definición es explosiva porque la demanda de dólares será por el capital más los intereses devengados.

Actualmente la tasa de interés del 2,5% en dólares es inconsistente con la actividad productiva, cuando llegue el momento de pagar las ganancias devengadas, la emisión monetaria será equivalente al stock de pasivos cortos que haya colocado el Central más los intereses devengados. En este caso, no es que alguien toma depósitos al 2,5% mensual en dólares y se los presta a otro al 3% mensual en dólares, porque si alguien toma dinero a esa tasa de interés literalmente se funde. Para mantener tranquilo el tipo de cambio hasta que lleguen los dólares de la soja, el Central está asumiendo un costo del orden de los 42.000 millones anuales. Los cuales pueden seguir subiendo si el BCRA continúa colocando bonos y letras al ritmo que lo hace.

El problema es que para tentar a la gente que venda sus dólares y compre pesos para colocarse a tasa tiene que tener quieto el tipo de cambio y alta la tasa de interés. Un costo es la recesión. El otro costo es que si la inflación se queda en el 3% mensual, el tipo de cambio real volverá a caer a los niveles anteriores a la devaluación complicando más el sector externo. En ese caso el Central tiene dos cosas que hacer para seguir el juego:

Ir subiendo el tipo de cambio por lo menos al ritmo de la inflación para que no caiga en términos reales y subir la tasa de interés más que el tipo de cambio. Es decir, la zanahoria de la tasa de interés tiene que ser cada vez más grande para intentar retener al inversor en plazo fijo. Lo cual implica acumular un gasto cuasifiscal que en algún momento se transforma en exponencial y explosivo.

La tranquilidad cambiaria lejos está de obedecer a un clima de optimismo que genera ingreso de capitales. Es una burda y vieja estrategia de subir la tasa de interés para que el mercado arbitre, por un tiempo, entre tasa y no compre dólares. El drama es desactivar esa estrategia antes que estalle, porque no existe el inversor que devengue indefinidamente una utilidad. En algún momento la realiza.

Cuando entren los dólares de la cosecha, BCRA no empieza a desarmar este juego de tasa versus dólares, entonces estamos a pasos de una hiperinflación como en 1989 con el Plan Primavera que terminó en lo antes citado.