La devaluación del peso, el cepo al dólar y el dilema del Gobierno

La crisis de las economías regionales y las restricciones para comprar, ahorrar y operar en moneda extranjera. El sector productivo reclama por políticas diferenciadas y la pérdida de competitividad. Daniel Rada, Jorge Sansone, Alejandro Trapé y Daniel Garro analizan lo que está pasando. Apuntes entre tanto desconcierto.

El cepo al dólar es una consecuencia no la causa del problema.

Las economías regionales reclaman a gritos por la competitividad perdida, fruto de una alta y sostenida inflación interna y tipo de cambio estancado. El cepo al dólar y el desdoblamiento cambiario dejan en evidencia, también, que nadie cree en un billete verde a $4,67. El dólar y tu economía doméstica. En medio de todo esto, el Gobierno insiste en seguir como hasta ahora y en sumar cada vez más controles al uso de moneda extranjera para evitar la fuga de capitales en tipos de desaceleración de la economía y alta inflación.

Ya en noviembre de 2011 el mercado cambiario empezó a desdoblarse y en ese momento advertíamos que la brecha dependería de cuán duro se pusiera el Gobierno en los controles: si apretaba los cepos, más iba a crecer y la brecha. Y viceversa. Porque la presión compradora sobre el dólar no desapareció, se canalizó de otra forma.

Hoy el dólar verdadero es el blue y para algunas operaciones (como liquidación de exportaciones, indexación de fondos comunes de inversión o lo poco que te liberan para viajar) se usa un “blue con descuento”, que es el de pizarra. Para las operaciones inmobiliarias, autos, precios, alquileres, etc. se toma como referencia el blue. Con este esquema algunos ganan y otros pierden: quien exporta pierde, porque recibe ingresos con el oficial pero sus costos viajan con el paralelo. Quienes viajan al exterior sólo pueden adquirir una pequeña parte con descuento, el resto es blue. Quienes importan insumos podrían hacerlo al blue con descuento, pero los atrapan los otros cepos: las restricciones para importar. Los únicos sectores que algo ganan son los que producen sustitutos de importados, siempre que no sean intensivos en insumos importados o en capital.

Ahora el Gobierno se ve en una encrucijada: si sigue desdoblado el mercado cambiario, la competitividad seguirá sufriendo cada vez más, pero si devalúa de golpe la inflación va a saltar. Devaluar de a poco no sirve de mucho porque el blue también sube y la brecha persiste.

El problema no es que falten dólares sino que sobran pesos (y cada vez se emite más). El Gobierno se concentra en mirar el mercado del dólar y trata de que la gente no compre para que no se vuelva escaso (de allí todos los cepos) y suba su precio. Sin embargo, descuida absolutamente la cantidad de pesos, emitiendo a tasas de 35% anual. Así, no es que la gente “quiera dólares” sino que lo que quiere es “no-pesos”, porque tener pesos en el bolsillo no es negocio.

Para mi la solución es dejar de emitir pesos y tomar un fuerte compromiso en ese sentido. Eso descomprimiría el mercado de dólares pues la gente no estaría urgida por desprenderse de los pesos. Caería la inflación esperada y se empezaría a desinflar la brecha entre el dólar oficial y el blue.

El cepo al dólar es una consecuencia no la causa del problema. Es preciso atender a la causa para evitar que la consecuencia exista o se agrave.

La causa del problema es la inflación y ésta tiene varios motores, pero el principal es el nivel de gasto público y de emisión para financiarlo (la emisión crece al 40% anual). El crecimiento en el gasto público tiene un componente esencial que son los subsidios, en 2005 ascendían a 6.400 millones y según el proyecto de presupuesto de 2013 serían más de 80.000 millones de pesos.

De allí que sea necesario reconocer que el problema no son los que viajan, ni los que compran con tarjetas en el exterior. Me resulta difícil entender que alguien prefiera comprar el mismo bien o servicio pagando más cuando lo puede comprar más barato.

El actual sistema impide o limita mucho el acceso a la compra de moneda extranjera, pero lo hace creando un factor adicional que es la incertidumbre por la arbitrariedad del método aplicado.

En este contexto, una devaluación que recupere el atraso tendría sólo costos para la política económica pues se trasladaría a precios (se generaría más inflación). Además una devaluación sin un plan de política económica creíble no traería mayor competitividad sino lo contrario.

Eligiendo el mal menor, la existencia de tipos de cambios múltiples puede ser una salida de la encrucijada en la cual está el Gobierno. Esto permitiría eliminar la incertidumbre y la arbitrariedad en la actual política económica. Habría reglas de juego conocidas para exportadores e importadores, para quienes libremente deseen hacer turismo en el extranjero, para inversores extranjeros que traen sus divisas y quieren enviar dividendos y para actores de las diversas actividades económicas (agro e industrias en sus diversas vertientes).

Sin reconocer las causas del problema y actuar sobre ellas, cualquier acción sobre las consecuencias es simple maquillaje (o engaño). Mientras tanto, el perjuicio más grave no está en dónde vacacionamos los mendocinos, sino que los perjuicios a las economías regionales son mayores (pues no tienen margen). Lamentablemente, los tiempos de quienes toman las decisiones no urgen a modificar el esquema, pues las economías regionales son proporcionalmente pequeñas en el PBI y en los porcentajes de votos en una elección.