El “éxito” del blue debajo de $10

El jefe de la AFIP, Ricardo Echegaray, se convirtió en el primer funcionario en admitir el fracaso del blanqueo lanzado con pompa el último mayo. Sorprendido el último sábado por la noche en Aeroparque por un periodista de Infobae, fue generoso en definiciones. Así señaló que recomendó a Cristina Kirchner que no lo prorrogue.
Hasta el viernes ingresaron US$ 235 millones (175 millones en CEDIN y unos 25 en BAADE).Echegaray evaluó que la poca adhesión se debe, entre otras causas, a que no tuvo el apoyo del sector bancario: “ No tuvimos el apoyo del sistema bancario, porque infundadamente consideró que alentar el blanqueo podía llevar a recibir penalidades por los organismos que fiscalizan el lavado de dinero”, explicó. También consideró que “en la Argentina hay una alta porción de gente que no quiere pagar los impuestos y están acostumbrados a vivir en la ilegalidad; se trata de un núcleo duro al que hay que atacar”. En su visión, “adhirieron aquellos que estaban muy al límite de ser detectados por el fisco ”.
Asumamos que el principal –y verdadero– objetivo del Gobierno a la hora de anunciar el régimen de exteriorización de capitales (blanqueo) no fue que ingresara una fuerte cantidad de dólares: pocos pueden pensar que un contexto donde el Gobierno apilaba restricciones para disponer de divisas en el país, prohibía girar dividendos al exterior, limitaba dólares a la importación, cercenaba la ventanilla del turismo, encarecía los consumos en dólares con tarjeta, dilapidaba las reservas del Banco Central en forma acelerada y sumaba presión impositiva, constituía el marco ideal para convencer a particulares y empresas a traer dinero al país.
Demasiado bien cultivan en la Casa Rosada la iniciativa política y económica (aunque no sus potenciales efectos) como para intentar imitar el blanqueo de 2009, en un contexto con mayor deterioro económico, menor caudal político, un proceso electoral en el medio y la desesperada necesidad de financiamiento.
El objetivo encubierto del blanqueo fue bajarle la presión alcista al mercado del dólar blue; mostrar que el Gobierno estaba dispuesto a hacer algo más que limitar la escalada de la divisa negra a fuerza de telefonazos, aprietes y ‘poda’ de arbolitos en el microcentro porteño.
Hay que hacer memoria: en las semanas que precedieron al lanzamiento del blanqueo, el dólar blue había tocado los $ 10,50, la brecha con el dólar oficial rozaba el 100% y amenazaba con llegar a $ 11 en pocas horas. En rigor, una vez presentado el blanqueo y la creación del Cedin y los Baade, la tendencia cambió y los valores comenzaron a descender. Fue prácticamente el valor máximo para el año. Sin ir más lejos, dos meses después, en julio, el blue cotizaba a $ 7,93, un 32% por debajo de aquella marca. Hoy en $ 9,55 todavía puede adivinarse cierto efecto recilente, ya que se mantiene por debajo de los $ 10, incluso con la fuerte emisión del BCRA. Quisieron comprar tiempo y dar una señal…
Alguien podrá decir que nunca es oportuno lanzar medidas “poniendo el cuerpo” y exponiendo la “credibilidad de grupo” para después cosechar fracasos. Pero probablemente habrá que tomar nota que con el correr de los meses fue Guillermo Moreno, el ideólogo, quien pareció quedar solo y asumir la gestión del blanqueo y que, de todas formas, la mayor preocupación del conjunto de funcionarios tenía su foco en la inmensa brecha que separaba la cotización del dólar oficial versus el informal, una criatura que pareció quedar virtualmente domesticada, al menos en parte. La segunda idea que gobernó las voluntades del equipo económico fue generar una masa crítica de cedines no aplicados, para que luego el cedin subsista en el mercado, tenga un precio en pesos en el mercado secundario, le gane el lugar al dólar informal. En esto, tampoco hubo final feliz, pero vale acotarlo en el tiempo. El cedin no tiene vencimiento. Habrá en los próximos días, al menos u$s 150 millones en cedin.
Por otro lado, en aquella oportunidad del anuncio, fue también la primera vez donde todos los funcionarios que tomaban decisiones relacionadas con la economía se mostraron en conjunto, una imagen que a estas alturas aparece, como mínimo, fragmentada por los enfrentamientos intestinos entre Echegaray y Moreno; Kicillof y Moreno; Marcó del Pont y Moreno; Marcó del Pont y Kicillof por no ahondar en la solitaria gesta del ministro Hernán Lorenzino, visiblemente afectado a cuestiones relacionadas con la deuda y la pulseada con los holdouts.
Me inclino a pensar que habrá que divorciar el Cedin y el Baade de la suerte del blanqueo. Como se dijo, el Cedin no tiene plazo de vencimiento y, por ende, su utilización puede persistir aunque el blanqueo se haya cerrado. Es más, el último jueves, el Banco Central emitió una circular “aclaratoria” a los bancos con numerosas aplicaciones que son susceptibles de hacer con el cedin (fideicomisos, obras en construcción, terrenos, acciones, etc.) lo que demuestra que muy probablemente se seguirá trabajando en este mismo sentido.
Debido al contexto, la desconfianza que primó entre quienes debían adherir al régimen no permitió que ganara popularidad e hiciera un mercado. Aquí radica la posibilidad de un resurgimiento para el cedin: con un mercado secundario, quien tiene pesos en el bolsillo puede transformarlos en potenciales dólares para adquirir bienes que se vendan en esa moneda. Claro está que en las reservas del Banco Central debe estar, sí o sí, el billete estadounidense. De nuevo, la clave es que quien tenga un cedin en la mano, no quiera canjearlo por un dólar billete. Y para eso hace falta confianza, no ya en el peso argentino, sino en la gestión de las reservas del BCRA.
Hoy termina el blanqueo y si bien desde la AFIP lo consideran un capítulo cerrado, para Guillermo Moreno y Axel Kicillof bien vale extenderlo tres meses más, sobre todo porque una vez pasadas las elecciones de fines de octubre existe una posibilidad concreta de mejorar la humilde marca de u$s 220 millones que se cosechó hasta el viernes. En esta línea no sería extraño conocer nuevas reglamentaciones fruto de conversaciones con el sector empresario.
En cuanto al bono energético Baade, los empresarios han venido negociando con Moreno un cambio en las condiciones. A sólo algunas horas de transcurridas las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) donde el oficialismo se llevó la peor parte, el secretario de Comercio Guillermo Moreno ya había sorprendido en el teléfono a grandes empresarios. Les pidió que hicieran todo lo posible por traer los dólares para la suscripción del Baade y, a su manera, hasta les prometió que haría ‘su parte’ para conseguir alguna de las condiciones que ponen las empresas. En rigor, les pidió “poner la plata primero”.
Uno de esos puntos obedecía al tipo de cambio y la posibilidad de vender los Baade en la Bolsa. Sin embargo, nunca se reglamentó la cotización del bono y, por ende, la variante de negociarlos en el mercado secundario quedó trunca. Por otro lado, existía temor de ’entregar’ los dólares y que la liquidación que haga el Gobierno sea al tipo de cambio oficial de $ 5,75, si bien la suscripción de los títulos debía hacerse en dólares. En este sentido, el principal inconveniente que veían es que por cada dólar que trajeran, no había cotización en la Bolsa.
Por supuesto, en el sector empresario sostenían la convicción de que no querían figurar en ningún listado de ‘blanqueadores’ y, por ende, no estaban pensando en utilizar este canal para traer fondos desde el exterior. Sostenían en las firmas que existía un severo temor reputacional en torno a la operatoria del blanqueo, es decir, que para muchas empresas no era ‘negocio’ entrar u$s 100 o u$s 200 millones y que después el Gobierno los colocara en el grupo de los que “sacaron la plata afuera en algún otro momento y ahora la trajeron porque se los pedimos”.
En lugar de eso, existía la convicción en las principales empresas que, si se traía dinero, esos recursos debían ser en blanco y tendrían como destino la suscripción del Baade. Atado a esto último, los empresarios confesaban miedo a quedar en ‘off-side’ con respecto a la normativa vigente para el blanqueo. Sostienen que los principales estudios de abogados locales –y también los del exterior en el caso de las multinacionales– les advertían sobre riesgos asociados a la entrada de dinero desde el exterior, ya que la normativa (Ley + circulares del BCRA) no comprendía los casos de transferencia de dinero declarado y si bien en el Gobierno les perjuran que “está todo bien”, no quieren arriesgarse.
Según los economistas el fracaso del blanqueo se debe a la falta de confianza y a que fue lanzado en pleno año electoral, “un momento inoportuno”, señalaron.
El “éxito” del blue debajo de $10.