Burbuja de bonos amenaza a Cristina Kirchner, los CDS argentinos

La voz de alarma la lanzaron los analistas de Serenity Markets el pasado lunes por la tarde. Algo pasa con los CDS (seguros de impago de la deuda) argentinos que no paran de subir. ¿La razón? Un fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que obliga al Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner a devolver el importe de su inversión a un grupo de bonistas que compraron deuda en 2005 y a los que Argentina pretendía aplicar una quita del 75%.

“Argentina incumplió su promesa” sostienen los tribunales estadounidenses en un fallo histórico que obliga a Kirchner a aflojar la chequera a menos que no quiera verse excluida de nuevo de los mercados internacionales de capitales. Automáticamente, viendo venir los problemas, Bank of America y Barclays rebajaron su recomendación sobre la deuda argentina hasta ‘infraponderar’ y JP Morgan la colocó en ‘igual que mercado’. Estos movimientos expresan las dudas que genera la dudosa política financiera del Ejecutivo de Kirchner -obsesionada con las expropiaciones- entre los grandes bancos internacionales.

“Vemos un periodo de incertidumbre en el horizonte”, explica Vladimir Werning, analista de JP Morgan. “Nuestra preocupación por el riesgo que este fallo supone para los tenedores de bonos argentinos es muy elevada”, apunta el mismo experto. Con estas informaciones por medio, los CDS de Argentina se dispararon aeste martes un 2,5%, después de haber subido un 3,3% el pasado viernes, el mayor incremento registrado ese día entre la deuda de todos los gobiernos del mundo.

Argentina ya ha anunciado que apelará el fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos. Pero el mercado no se fía y con la subida de los CDS está dando a entender que es un duro golpe en la cara de Cristina Fernández de Kirchner.

Sin acceso a los mercados internacionales de crédito, la única vía que tiene Argentina para mantener el nivel de sus reservas en dólares son las exportaciones de soja y las restricciones a las importaciones en la divisa estadounidense, precisamente para evitar su fuga.