El cepo cambiario más largo del mundo

n su cuento “El penal más largo del mundo”, Osvaldo Soriano relata la historia de un partido de fútbol jugado en Río Negro en 1958, que se suspendió sobre la hora cuando sólo restaba que Constante Gauna, del equipo local, ejecutara un tiro libre desde los 12 pasos. En la semana hasta la reanudación, hubo todo tipo de especulaciones, y el arquero, “el Gato” Díaz, analizó la situación: “Constante los tira a la derecha (..), pero él sabe que yo sé (.) y yo sé que el sabe (.) y él sabe que yo sé que él sabe”. “«El Gato» está cada vez más raro”, comentó el presidente del club, que veía al arquero pensativo.

El dilema de Díaz capta la esencia de la denominada “teoría de los juegos”, que modela cualquier actividad en lo que la previsión sobre lo que hará el otro influye a su vez en el comportamiento de la contraparte. En la economía argentina, hay pocos estudios que apelan a la teoría de los juegos. Pero uno de estos esquemas tiene una conclusión que viene a cuento (y no de Soriano) de la coyuntura actual: las restricciones cambiarias tenderán a endurecerse en los próximos meses. Por más que la economía mejore y la entrada de divisas por la cosecha o la reactivación de Brasil se incremente, novedades como la imposibilidad de comprar por Internet en sitios, como eBay y Amazon, que se conoció esta semana, tenderán a repetirse con asiduidad.

Por lo menos, eso cree Daniel Heymann, un economista que da clases en la UBA y en San Andrés, para quien las puertas que se cierran en este frente ya no se pueden volver a abrir, ni siquiera un poco. Cualquier atisbo de apertura puede generar una demanda excedente de divisas que volverá a rigidizar el esquema.

En 2001, Heymann construyó, junto con sus colegas Mariano Tomassi y Sebastián Galiani, un modelo explicativo de la convertibilidad que apelaba a la “teoría de los juegos”, el esquema formalizado durante la Guerra Fría por el matemático John von Neumann y popularizado en los últimos años por la película Una mente brillante, que cuenta la vida del Nobel de Economía John Nash, basada en un libro homónimo.

El “juego” propuesto por Heymann, Galiani y Tomassi para los 90 era simple: en cada encrucijada entre 1991 y 2001, el Gobierno debía elegir entre abandonar la convertibilidad o mantenerla. A su vez, dentro de esta segunda opción aparecían dos ramas: moderar el esquema o redoblar la apuesta, a todo o nada. Los economistas demostraron que los incentivos políticos, institucionales y económicos hicieron que siempre se terminara profundizando el modelo, aumentando los costos de salida. Cuando alguien sugería abandonar la convertibilidad, los funcionarios reforzaban su compromiso con el uno a uno, ya sea en forma discursiva o con leyes como la indexación de las tarifas de servicios públicos usando la inflación estadounidense.

Visto en retrospectiva, la mayor parte de los economistas coincide en que 1995 hubiera sido el año ideal para salir de la convertibilidad. A partir de allí, el dólar empezó a fortalecerse a nivel global y a erosionar a la competitividad de la economía argentina. Pero todos los incentivos políticos y empresariales empujaban por entonces a mantener la caja de conversión, y Carlos Menem logró ese año su segundo mandato con la promesa de mantener el plan de Domingo Cavallo como principal bandera.

Heymann aclara que la situación actual está muy lejos de la de los 90, pero la dinámica de “irreversibilidad”, cuando se ven los vectores de incentivos, es muy parecida. La teoría de los juegos también predice ahora que los controles se agudizarán en el corto y mediano plazo, en un esquema que muestra incentivos para autoperpetuarse.

Si tuviera que elegir un juego (en clave deportiva) para describir el actual estado de situación de la economía argentina, el académico se inclina por un partido de hockey sobre hielo: “Veo al Gobierno haciendo pases en forma defensiva, como hacen los equipos de hockey cuando les expulsan a un jugador por cinco minutos. En nuestro caso, hasta que la situación internacional mejore”.

Heymann es uno de los economistas académicos más respetados de la Argentina. Dirige el flamante Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA, un centro de 30 investigadores en el que hay desde físicos hasta expertos en metodología. De visión keynesiana, no está entre los economistas más críticos con el Gobierno: de hecho, semanas atrás fue uno de los anfitriones del Nobel Joseph Stiglitz, el economista favorito de Cristina Kirchner. Y en la universidad pública le puso un 10 al actual viceministro Axel Kicillof en su tesis de doctorado sobre John Maynard Keynes.

¿Cómo terminó el partido de 1958 en Río Negro? Tras una semana de nerviosa espera, “el Gato” Díaz le atajó finalmente el penal a Gauna, y su equipo ganó 1 a 0. Se hizo justicia, porque la falta había sido mal cobrada. El final de la historia del cepo cambiario aún no se conoce, pero si la teoría de los juegos sirve de algo, pinta para bastante más larga que la del penal que describió Soriano.